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jueves, 26 de marzo de 2015

El tiempo es el que manda.

La vida te enseña a dar un paso. Tal vez dos.
El frío empezaba a apretar cuando bajaba del 44 y ponía a Leiva en la lista de reproducción. Iba por el mismo camino a casa y mil dudas me atravesaban la cabeza.
Tal vez eran todas las razones que ya no encontraba en mis contactos cuando me acostaba en la cama y el móvil vibraba.
Tal vez eran todas las ganas que tenía de besarle aquella noche. Todas las que ya le había besado en muchas anteriores,
o el vacío que se me quedaba en el pecho cada vez que el tren me alejaba de aquí.
Te buscaba como quien busca el escalón hacia la boca correcta.
Te buscaba como quien deja de lado todas sus heridas y todas las veces que le han dejado la confianza hecha pedazos.
Ojalá dejen de juzgarnos por un pasado que no conocen. Ojalá entienda que quién insiste en quedarse es quien vale la pena tener; que nadie va a valer más la pena, y que hay principios que es mejor no tener.

Pero la vida te va enseñando a seguir caminando.
A seguir teniendo ganas de besarle esta noche. A dar un paso. Y a que tal vez te tropieces en el siguiente. 

Pero yo siempre sigo esperando encontrar el siguiente escalón.
Quién sabe si hacia la boca correcta.

Quién sabe si hacia la siguiente estación.



4 comentarios:

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  4. ¡Ay, mi tiempo!, sí, ese, siempre manda y me manda, pero no le hago caso, porque que me lo juego, me lo creo por fiado... 1, 2, 3...

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