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jueves, 25 de diciembre de 2014

A veces hacen falta situaciones especiales para entender que tú no eres especial.

Siempre he pensado que hay cuerpos, personas, que están hechas para crecer con el tacto y otras para crecerse ante la duda. Personas que al encajar se hacen duda,
y entonces dejan de tocarse para volver a ser certeza.
He crecido confiando en que el truco estaba ahí. En que tenía que existir alguien, una persona indicada con quien ser capaz de crecer a su lado y que te apretara fuerte la mano ante tanta duda.
Pero lo cierto es que he acabado siendo la parte B de toda historia. La parte en la que no eres especial. En la que es mejor dejar de tocarse y formar parte de los momentos adecuados y no de las personas indicadas.

Sigo besando bocas por inercia.
Sigo cayendo por los mismos precipicios y creyendo que alguien me cogerá antes de caer al suelo.
Antes de impactar con tu cama.
O antes de darme de bruces con tu impermeabilidad.

Sigo sin poder dormir cuando alguien duerme conmigo, pero sin mí.
Porque dormir al lado de alguien no siempre implica dormir juntos. Porque al sueño, y a los sueños, les pasa como a los planes; siempre son mejores cuando se construyen en compañía.
Por eso nos nace el instinto de que nos abracen después de follar, por eso no somos capaces de conciliar el sueño pensando que algo no marcha del todo bien.
Por eso, se crea el silencio, quedando tu cuerpo tan frío y tan lejos  de lo que hasta hace un momento estaba tan dentro de ti.

Porque a veces hacen falta situaciones especiales para entender que tú no eres especial. 

 Que sigo sin saber acostumbrarme fiarme de las manos de nadie por el miedo de volver a despertar.
Que sigo sin ocultar las verdades.
Como que te busco
      en cada roce de miradas,
en cada mueca con intención de sonrisa, o en cada intento de mis yemas por erizarte la piel -o la vida-  que se quedan en el aire, como aviones dando vueltas sin saber muy bien cómo aterrizar;
buscando pista.
Como la que une el hueco de tu garganta con tu ombligo. Mis ganas con tus guiños.
Cada una de las líneas de mis latidos cuando alzas la vista y me inundas el día.

Porque como dice Marwan, la mayoría de las cosas que terminan suelen dejarnos la vida rota en el sofá. Y lo cierto es que es un error hacer herida sobre herida. Saliva con saliva para intentar sanar lo que solo la suya puede curar.
El intento de hacerme notar para que me puedas algo más que mirar.


Porque ojalá pudieses verme como yo te veo a ti.
Porque ojalá pudieses verme,
sin más.

5 comentarios:

  1. Uau, me encanta tu blog, de verdad! :)

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  2. Ay por Dios me mataste, tan cierto todo.
    Besotes

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  3. Es realmente increíble como escribes y la manera en que se sienten cada una de tus frases. Inmejorable sin más

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  4. Wao. He quedado casi muda.

    Quizás debería estar triste porque has sido tan realista, pero es que lo has escrito tan hermoso que solo te puedo halagar.
    Yo sigo esperando ser especial. Supongo que hasta que no me pasen esas situaciones no lo entenderé como dices.

    Un abrazo enorme.

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  5. Que cierto todo...pero yo pienso honestamente que cada persona es especial a su manera. Aunque entiendo lo que dices.

    Besos!

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