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miércoles, 30 de julio de 2014

Digamos que.

Digamos que hay cuerpos hechos para crecer con el tacto y otros para alzarse ante la duda.
                      Cuerpos que al encajar se hacen duda, y entonces dejan de tocarse para volver a ser certeza. 
Tú y yo siempre hemos sido así.
De los que no hablan de dudas por miedo a volverse una, y de los que no hablan de amor por miedo a volver a equivocarse.
De los que dejan de tocarse y se vuelven indiferencia para así ganar seguridad aunque no dejen de mirarse por el rabillo del ojo. 
Es lo jodido de las cosas que sabes que podrían ser si se intentasen pero que deciden no valerse la pena.
Como el que siempre intuye a ciegas y nunca acierta.

Por eso, voy a mirarte y cogerte fuerte de la mano mientras te digo que te vayas.
Por eso, voy a creerme alguien especial cuando no lo hagas y aprietes la mía.
Por eso, voy a tener que guardarme las espaldas e ir dos pasos por delante solo por miedo a que te vayas.
Por eso, espero que me perdones que sea todo orgullo;
Por eso, voy a perdonarte que no quieras volver a creer aún teniendo la receta en el bolsillo. 


Por eso, digamos que no te necesito, pero no quiero que cojas otras manos.   
Por eso, digamos que te odio y te apunto para dispararte.
Por eso
digamos que
te (quiero)
y que pongo mi pecho ante la bala para salvarte.


Por eso, digamos que tú ya has conseguido una página y yo ganarle al verano.
Por eso,
a estas alturas, (y mirando de lejos la herida)
yo me te pregunto,
         ¿y si dejamos de intuirnos y empezamos a acertarnos?


1 comentario:

  1. Qué bonitoooooooooooooooooooooooooooooooo!!!!!
    encima justo ahora me siento identificada con lo que acabo de leer
    Sigue escribiendo así guapa. un beso!

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