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sábado, 25 de enero de 2014

Lo que tiene enero que siempre escondieron sus manos.

Me hubiera gustado que fuese distinto.
Que no hubieras encontrado en
otros brazos
lo que los mios siempre tuvieron.

Me gustaría volverlo a escribir y que fuera verdad.
Que me siguieran importando tus brazos,
tus maneras
o tus dónde estarás.

Pero enero siempre ha tenido esa forma tan suya
de bañarme los ojos de nostalgia,
de traerme el amor en forma de billetes de tren
para acabar descosiéndome las costuras después.

Esa forma de esconder el amor entre
las manos,
quedándote con demasiada magia entre
las piernas,
y demasiadas dudas al volver
a subirte las medias.

Es el precio de quien sabe lo que es querer hasta el fondo y que te rompan después;
el miedo a convencerte para acabar perdida otra vez.

Es lo que tiene enero que siempre escondieron sus manos;
el temor a tocar de verdad
por comprender que
había vivido toda su vida con las manos
vacías.
El temor a reconocer que vale la pena romperse,
cuando vale la pena lo que se siente. 

Y es que con los años aprendemos que hay daños que
ya no se arreglan con tanta facilidad.
Pero es un consuelo saber,
que a cambio,
existen manos dispuestas a dejar de tocar,
para empezar a curar(te).




3 comentarios:

  1. Ay Enero!

    Divina. Segunda vez que te leo y que me gusta tanto que no sé que decir. Divina, divina! Divina que encantas con las letras, un abrazo :)

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  2. Precioso! Y la ultima parte, sencilla y perfecta :)
    rourestreet.blogspot.com

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