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lunes, 30 de septiembre de 2013

"Quisiera empujar el otoño hasta tu barrio, sacarlo a rastras de este capítulo de mi diario, y lanzarlo a tu habitación."

Sinceramente,

lo que nunca comprendí del tiempo
es que sólo importaba cuando dejabas de contarlo,
y que sólo contaba cuando tenías a alguien con quien pasarlo.

Lo que nunca comprendí del daño
es a tener que sentirme orgullosa de él, y de todas sus heridas,
para entender que cuando algo te duele, es porque alguien te importa.

Lo que nunca comprendí de aquella teoría
es que hablaba del movimiento de los cuerpos en ausencia de fuerzas gravitatorias,
cuando a nuestros cuerpos nunca les faltó gravedad capaz de desatarnos.

Lo que nunca comprendí de ti
es que fuiste capaz de hacer de una cama una capital,
y de una ciudad, destrozos de un corazón.

Pero el tiempo, pasa.

Y lo que nunca llegué a comprender de las estaciones,
       es que mientras una se va por la puerta de atrás,
                 es otra la que entra por la ventana para regalarte
                más amor del que pueda abarcar cualquier ciudad. 

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Ya era oficial, había llegado el otoño.
Tal vez sean nuestros errores los que conformen nuestro destino, porque sin ellos, ¿qué daría forma a nuestras vidas?
Tal vez si nunca nos desviáramos del rumbo fijado, no nos enamoraríamos ni tendríamos hijos, ni seriamos quienes somos.
Después de todo, las estaciones cambian, y también las ciudades, y las personas entran y salen de nuestras vidas... pero es un consuelo saber que aquellas a las que amas siempre vivirán en tu corazón.
Y, si tienes suerte, a un vuelo de distancia.

Sexo en Nueva York.
Vídeo:



3 comentarios:

  1. A vuelo de distancia a unas horas en camión...

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  2. Y es que es muy irónico y verdaderamente interesante como nada puede existir sin su antagonismo, pero sobretodo el que solo así sea posible la estabilidad ;)

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