Seguidores

domingo, 11 de septiembre de 2011

Yo buscaba el cielo en tu mirada y ya nunca sabré lo que encontraste tú.

Ya no me acuerdo de las miles de historias que me contabas a las dos de la mañana mientras me hacía la dormida ni del número exacto de lunares que tenías en la espalda. Ni del tono de tu voz. Ni de que botón de tu camisa empezaba a desabrochar primero, ni de tu olor, ni de tu risa. De nada. No me acuerdo de nada. No me acuerdo de ti. Con lo que tú y yo fuimos.
Y es que lo peor del amor cuando acaba es el tener que abrirse las ventanas, las habitaciones ventiladas, dejar que el viento se lleve ese olor. Lo peor son los sueños rotos en la almohada, los teléfonos que hablan con los ojos, mi sístole que se quedó sin diástole ni dueño, porque decidiste irte de madrugada, a escondidas y por la puerta de atrás, como un gato callejero de puntillas por los tejados de Madrid.
Y ahí me quedé yo, con el corazón en los huesos y podrida por dentro.
Y es que lo peor del amor cuando acaba es, como decía Sabina, cuando al punto final de los finales no le siguen dos puntos suspensivos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas.