Seguidores

jueves, 15 de septiembre de 2011

Aveces, hay que bajar de la nube por muy agusto que se esté ahí arriba.

Marga estaba sentada en el sofá, bueno, mas que sentada estaba desparramada. Con la cabeza hacia abajo y los pies hacia arriba. Típico en ella.
Estaba totalmente concentrada en aquella película antigua que echaban en el canal ese que nadie ve nunca, una de esas películas en blanco y negro en la que la chica tiene prohibido ver al chico pero ambos se encuentran en algún lugar secreto, como dos fugitivos huyendo de la ley. De esas que la chica se intenta resistir, pero él la coge por las muñecas, la acerca y la besa con un beso voraz. Y acto seguida ella llora por el rabillo del ojo maldiciendo el no poder estar con aquel hombre para siempre.
Pero para Marga aquello eran besos falsos, y lágrimas de cocodrilo. Le parecían estúpidas aquellas películas sin sentido. Y superficiales, sobre todo, superficiales.
Pero lo mejor era cuando aparecía la escena de ambos en un hostal de mala muerte, él quitándole el sujetador a ella, observando loco de placer lo que tenía delante,y entonces, él alzaba la cabeza, la miraba a los ojos y le decía, maravillado, " cásate conmigo."
Típico- pensaba Marga- Le enseñas a un tio las tetas y ya se quiere casar contigo.
Ahí era cuando ella cogía el mando y apagaba la televisión.
Demasiada superficialidad. Demasiada gilipollez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Entradas.